292017Mar

El trastorno bipolar y su tratamiento psicológico



EL TRASTORNO BIPOLAR Y SU TRATAMIENTO PSICOLÓGICO

Concepto

Se llama Trastorno Bipolar (Trastorno Afectivo Bipolar, TAB) a un trastorno orgánico que se caracteriza por un estado de ánimo cambiante que puede fluctuar entre dos polos completamente opuestos. Entre esos dos polos opuestos, blanco y negro, existe toda una “gama de colores” con distintas intensidades de grises que tienen en común la bipolaridad. Es lo que se conoce como Espectro Bipolar.

Existen fases de exaltación anímica, en la que aparece un estado de ánimo elevado, con euforia excesiva, expansividad, hiperactividad anormal, irritabilidad… a esta fase se le llama episodio maníaco. Dichas fases, alternan con episodios de depresión, de bajo estado de ánimo, incapacidad para disfrutar, falta de energía, ideas negativas y, en muchos casos, ideas de suicidio.

Dentro del espectro bipolar anteriormente comentado, nos podemos encontrar la siguiente clasificación y subtipos de la enfermedad:

El trastorno bipolar de tipo I: cursa con fases maníacas completas y fases depresivas, aunque además puede asociarse a fases hipomaníacas (manía suave, nunca acompañada de síntomas paranoicos) y a fases mixtas (en las que se mezclan los síntomas maníacos con los depresivos).

El trastorno bipolar de tipo II cursa con depresiones e hipomanías, pero nunca con manía o fases mixtas. Muchas veces se confunde con el trastorno depresivo unipolar porque los pacientes acostumbran a acudir al médico solamente durante las fases depresivas.

La ciclotimia es el tercer tipo de trastorno bipolar, y el más leve, aunque no por ello, menos incapacitante, de manera intermitente. Consiste en cambios frecuentes de humor, de horas, de días de duración, que hacen parecer al afectado “raro”, “difícil” o “inestable”, por lo que con frecuencia es etiquetado de trastorno de la personalidad.

Los episodios o fases descritas, alternan con etapas de estabilidad afectiva denominadas “eutimia”.

Bipolares, en cuanto al estado de ánimo, somos todos los humanos, pero solo hablamos de trastorno cuando esa bipolaridad nos desencaja de nuestra vida familiar, social o laboral. En efecto, una persona, en cualquier hora de cualquier día, en cualquier día de cualquier semana e incluso en cualquier semana de cualquier mes, puede sentirse con el ánimo más expansivo o más decaído de lo que normalmente lo tiene sin que ello le lleve a deteriorar sus relaciones familiares, sociales y laborales. En cambio cuando hablamos del Trastorno Bipolar, estos cambios anímicos van a conducir a un deterioro en esos ámbitos referidos debido a la manía y a la depresión.

Prevalencia/incidencia

Los Trastornos del Espectro Bipolar tienen una prevalencia que se da en un porcentaje que varía según los estudios, siempre sesgados por incertidumbres diagnósticas en cuanto a la representatividad de la muestra, del 2 al 6 % de la población. Igualmente hay que decir que se da en las distintas razas, sexos, latitudes, clases sociales y credos.

En los últimos tiempos se está diagnosticando más frecuentemente el Trastorno Bipolar y ello puede deberse:

  • Al extenso uso de los antidepresivos, que da lugar a que pacientes depresivos unipolares, al ser tratados con determinados de ellos viren a la manía o hipomanía y sean diagnosticados de TAB.
  • A mejores y más finos criterios diagnósticos para el TAB. Por ejemplo, pacientes que en otras épocas fueron diagnosticados de esquizofrénicos por los elementos paranoicos de su cuadro clínico.

Debut de la enfermedad

El trastorno hace su aparición frecuentemente entre los 15 y 20 años de edad. El primer tratamiento suele sufrir una demora, por retraso en el diagnóstico, de entre 8 y 10 años, sin embargo hay muchos indicios de su inicio en la pubertad o incluso antes, de una manera solapada. El inicio precoz puede ser un indicador de mal pronóstico.

En las edades más jóvenes suele existir dificultad para identificar el trastorno ya que suelen pasar inadvertidos con frecuencia recibiendo el diagnostico de la patología comórbida (solapada) que le suele acompañar. P.ej: abuso de sustancias.

Factores de riesgo

  • Edad entre 20 y 40 años.
  • Estado civil separado y divorciado.
  • Historia familiar de paciente bipolar o cualquier otra patología conductual/mental.
  • Eventos estresantes negativos de la vida.
  • Estrés continuado
  • Consumo de sustancias

Tratamiento

En el tratamiento de los trastornos bipolares se pueden distinguir dos fases fundamentales: la fase aguda (maníaca, hipomaníaca, depresiva o mixta) y la de mantenimiento. Esta división es un poco arbitraria, ya que nunca debe desvincularse el tratamiento agudo del tratamiento de continuación, puesto que la enfermedad es un proceso longitudinal, no una mera crisis puntual.

El tratamiento de los trastornos bipolares es fundamentalmente farmacológico, aunque debe acompañarse de una información exhaustiva acerca de la naturaleza recurrente de la enfermedad y de la importancia del cumplimiento del tratamiento (Colom y cols., 1998).

El curso de estos trastornos es crónico, con recaídas y remisiones, que obliga a un tratamiento a largo plazo. Es fundamental convencer al paciente y a sus allegados de la necesidad de dicho tratamiento para impedir las importantes secuelas neurológicas y sociales de la enfermedad. Así como de la necesidad de combinarlo con terapia, especialmente psicoeducación.

¿Qué es la Psicoeducación?

La Psicoeducación es un método por el cual el paciente y la familia se informan, se convencen, se fortalecen y se educan sobre la enfermedad que les afecta. Forma parte esencial de la buena práctica terapéutica en el TB, ya que ha demostrado su eficacia en la prevención de recaídas y de ingresos hospitalarios.

Consiste fundamentalmente en los cambios cognitivos y conductuales que se producen en el paciente por el conocimiento de su enfermedad. Su carácter es netamente preventivo y por ello solo válido en fase de eutimia o al menos fuera de agudizaciones.

El terapeuta que la imparte, debe ser un psicólogo especializado que tendrá formación para aclarar las cuestiones técnicas que surgirán durante las sesiones y que además podrá asumir con responsabilidad.

Entre las ventajas de la Psicoeducación están:

  • No tiene interferencias con el modelo médico.
  • Demostrada eficacia profiláctica (para la prevención).
  • Permite la detección precoz de síntomas.
  • Permite la regularización de hábitos.
  • Mejora el cumplimiento terapéutico y la conciencia de enfermedad.
  • Disminuye el estigma.
  • Mejora el manejo de los síntomas y la resolución de los problemas.
  • Fomenta el rol activo del paciente. Mejora la calidad asistencial percibida.

Los objetivos se centran en reducir las recaídas y mejorar el manejo de la enfermedad mediante:

  • Aceptación del diagnóstico (tomar conciencia de enfermedad).
  • Detección precoz de los nuevos episodios (los síntomas prodrómicos).
  • Cumplimiento del tratamiento (fomentar la adherencia).
  • Control del estrés.
  • Evitación del uso y abuso de sustancias.
  • Regulación del estilo de vida.
  • Prevención del suicidio.
  • Aumento del afrontamiento de las consecuencias sociales pasadas y venideras.
  • Mejora de la comunicación social.
  • Afrontamiento de los síntomas residuales y el posible deterioro asociado.
  • Aumento del bienestar y la calidad de vida.

Psicoterapia individual

Una vez estabilizados y psicoeducados, los pacientes con TB son susceptibles y es deseable, que realicen un trabajo psicoterapéutico, orientado a la regulación emocional que se diseñará:

  • En función de las necesidades del caso
  • En función de los desencadenantes y mantenedores del síntoma.

Independientemente del TB, hay que trabajar otras conductas problemas asociadas.

Algunos objetivos psicoterapéuticos muy importantes a tener en cuenta para trabajar son:

  • Problemas de autoestima y autoconcepto
  • Alteraciones de la identidad debido a las crisis ¿Quién soy yo realmente?
  • Sentimientos de culpa o vergüenza en relación a conductas sintomáticas que acontecieron durante los episodios.
  • Patología comórbida asociada.
  • Miedos, en relación a vivir con la enfermedad y tener que tomar medicación (Ej: suelen aparecer conductas evitativas o fóbicas- hacia el trabajo, grupo de amigos…).
  • Estigma y autoestigma: problemas de conciencia y rechazo.
  • Incapacitante rol de enfermo
  • Sensaciones de incapacidad y fracaso.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Recuerdos “traumáticos “, en relación a momentos concretos de la enfermedad (Ej: intento autolítico, ingresos hospitalarios.
  • Posible deterioro del patrón social y relacional
  • Problemática en el ámbito familiar o de pareja
  • Etcétera…

En definitiva, el Trastorno Bipolar es una enfermedad orgánica de componente bio-psico-social, por ello es necesario un abordaje completo a todos los niveles con un adecuado seguimiento a nivel multidisciplinar por parte de especialistas en la materia.